Características de la piel atópica

Nuestra piel es una barrera que funciona como protección de los agentes externos, pero debemos cuidarla con una adecuada limpieza, una hidratación correcta y emplear tratamientos protectores cuando sea necesario. La piel atópica es el resultado de un desequilibrio en las sustancia hidratantes y los lípidos naturales que la conforman. Se produce una pérdida de hidratación y disminuye la capacidad de protegernos, por lo que el resultado se traduce en sequedad, irritación, enrojecimiento e inflamación de la piel.

Las personas que sufren de dermatitis atópica presentan un umbral de tolerancia más bajo a los factores agresores, alérgenos u otras sustancias irritantes, desencadenando una hiperreacción durante períodos cortos de tiempo, lo que se conocen como brotes o fases agudas con aparición de prurito o eczemas y que, a pesar de que no son permanentes, pueden llegar a mantener el picor y la sequedad de forma continua resultando muy molesto o, en el peor de los casos, producir patologías más graves como la liquenificación o el prurigo.

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