Características de la piel atópica

Nuestra piel es una barrera que funciona como protección de los agentes externos, pero debemos cuidarla con una adecuada limpieza, una hidratación correcta y emplear tratamientos protectores cuando sea necesario. La piel atópica es el resultado de un desequilibrio en las sustancia hidratantes y los lípidos naturales que la conforman. Se produce una pérdida de hidratación y disminuye la capacidad de protegernos, por lo que el resultado se traduce en sequedad, irritación, enrojecimiento e inflamación de la piel.

Las personas que sufren de dermatitis atópica presentan un umbral de tolerancia más bajo a los factores agresores, alérgenos u otras sustancias irritantes, desencadenando una hiperreacción durante períodos cortos de tiempo, lo que se conocen como brotes o fases agudas con aparición de prurito o eczemas y que, a pesar de que no son permanentes, pueden llegar a mantener el picor y la sequedad de forma continua resultando muy molesto o, en el peor de los casos, producir patologías más graves como la liquenificación o el prurigo.

Lista de productos hidratantes y protectores para evitar la dermatitis

El pilar fundamental del cuidado de las pieles atópicas es el mantenimiento de una correcta hidratación, ya sea durante los brotes o cuando la persona o el niño no estén pasando por un proceso agudo. Es un tratamiento general de mantenimiento a base de hidratantes y emolientes y que deben aplicarse tras la ducha, cuando la piel todavía está húmeda (existen productos que son excepción).

El objetivo principal de estas sustancias consiste en la máxima retención posible de agua para formar y fortalecer la capa protectora de la piel, pero a su vez, también se necesitan lípidos que son las estrcuturas que forman la barrera encargada de la retención. Concretamente, en situaciones de desequilibrio cutáneo, son los ácidos grasos esenciales de origen vegetal (alfa-linolénico, linoleico, …) los que se ven afectados, disminuyendo drásticamente sus concentraciones y afectando directamente a la estabilización de la membrana protectora compuesta de ceramidas y colesterol. Por este motivo, se suelen emplear aceites muy ricos en estos componentes como lo es el aceite de rosa mosqueta o el de onagra.

Para los casos de piel atópica existen muchos y diversos productos comerciales, por lo que es mejor destacar los activos o sustancias válidas para el tratamiento y la prevención de esta patología:

  • Alantoína: posee propiedades calmantes ante cualquier irritación cutánea.
  • Glicerina combinada con almidón de arroz: su función principal es la de absorber la máxima cantidad de agua posible.
  • Niacinamida: actúa como antiinflamatorio.
  • L-isoleucina: no retiene agua ni lípidos pero ayuda a proteger la piel mediante la síntesis de péptidos con actividad antimicrobiana, pues la piel en estados débiles es más susceptible de padecer infecciones y otras enfermedades.
  • Avena: perfecta para calmar el picor y suavizar la piel.
  • Siliconas: su presencia en crema u otros compuestos sirven para proteger la piel mediante aislamiento.
  • Manteca de Karité: contiene una mezcla formada principalmente por ácido oleico, linolénico, esteárico, palmítico, catequinas y vitamina E. Posee propiedades calmantes, antiinflamatorias, emoliente e hidratante.
  • Vitamina E: Además de sus propiedades antioxidantes, provoca el fortalecimiento de la barrera cutánea al disminuir la pérdida de agua existente entre la epidermis y la dermis (transepidérmica).
  • Ácido rosmarínico:  posee propiedades antiinflamatorias.
  • Vaselina o parafina: al igual que pasaba con las siliconas, generan una especia de film protector para evitar que el agua de la piel se evapore.
  • Capriloilglicina: se encarga de mantener el equilibrio de nuestra flora cutánea (bacterias que habitan normalmente en nuestra piel y que no son nocivas en exceso). Por eso, previene de posibles infecciones.
  • Skeletenoma Costatum (extracto): previene la irritación y posee propiedades calmantes.
  • Nicotinamida: alivia el picor y reduce la inflamación.
  • Octyldodecanol: es un emoliente tradiconal en muchas cremas y lociones. Mantiene la piel lubricada.
  • Polidocanol: Calma el picor de la piel

 

 

 

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Etapas de la Dermatitis Atópica

Cuando se hace referencia al término atopía, nos estamos refiriendo a una predisposición a padecer una de las patologías que se conocen bajo el nombre de triada atópica, y que está compuesta por la rinitis alérgica, el asma bronquial y la dermatitis atópica. Para que queda claro, la atopía no se limita solamente a la piel.

Para este tipo de enfermedades, pero sobretodo con la dermatitis atópica, se hace difícil establecer un diagnóstico en los primeros meses de vida. En el caso de la dermatitis, se carece de pruebas analíticas que ayuden a establecer un diagnóstico claro y definitivo, y por eso la observación es la mejor herramienta de trabajo.

Si bien, el prurito es el desencadenante más llamativo en cuanto a la sintomatología, existen otros factores que pueden hacernos saltar la alarma: nerviosismo, intranquilidad y episodios frecuentes de insomnio. Cabe destacar también que la dermatitis puede dividirse según cada etapa de la vida. Tenemos entonces:

Dermatitis del Lactante

Es la dermatitis que más predominio e incidencia tienen. Abarca desde el nacimiento hasta los dos años de vida del bebé, y es la que afecta al rostro, la frente y el mentón de forma inicial. Si la enfermedad progresa, entonces afectará a otros miembros como los pliegues o las nalgas, pudiendo llegar a convertirse en eccemas. Algunos médicos no la consideran atópica como tal.

Dermatitis atópica del infante

Es la dermatitis que está aumentando hoy día. Las manifestaciones y síntomas comprenden desde los 2 años hasta los catorce años, coincidiendo con la pubertad en algunos casos. Es una dermatitis que debe controlarse de forma estricta ya que empieza en la cara o rostro y luego, al progresar, se localiza en otras zonas del cuerpo como las ingles, las axilas, cuello y los pliegues (codos, pantorrillas,…).

Dermatitis atópica en adultos

dermatitis en las manos

No es una dermatitis infantil aunque si se mantiene o aparece la misma sintomatología en los pliegues cutáneos. El problema surge cuando aparecen alrededor de los ojos (dermatitis ocular) o alrededor de la boca (dermatitis peribucal), afectando a la persona en su aspecto externo, estético y al final, afectando psicológicamente. En esta edad adulta a partir de los 15 años son frecuentes la aparición de eccemas en manos y pies.

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Medidas preventivas y cuidados de la piel para evitar dermatitis atópica

Para no tener que llegar al tratamiento farmacológico, siempre es conveniente saber qué tipos de medidas se pueden adoptar para evitar la aparición de dermatitis atópica, o al menos, reducir sus efectos sobre la piel.

En primer lugar, se tendrá en consideración lo primero que entra en contacto con la piel en la rutina diaria, por lo que la ropa a evitar será aquella que contenga lana o fibras sintéticas sin cubrir o forrar. Recuerda que para los recién nacidos es mejor utilizar la ropa de algodón, y además cuando toque lavarla nunca emplear detergente o meterla en la lavadora. La mejor opción para la ropa de algodón es lavarla a mano con agua y jabón, sin usar tampoco lejía ni ningún tipo de suavizante.

Tanto en los días de mucho frío como los de calor, hay que evitar cualquier cambio brusco en la temperatura. Generalmente, en los más pequeños ya se suele hacer pero en muchas ocasiones no se tienen en cuenta los cambios que pueden alterar la piel como la entrada a una tienda o centro comercial, la entrada a una piscina cubierta,etcétera…Son estos momentos de corto espacio de tiempo en los que la piel padece un contraste que puede afectar o alterar receptores cutáneos y favorecer la aparición de los primeros síntomas.

Este contraste de calor también debe aplicarse a los alimentos que son ingeridos. Hay que evitar dar la comida muy caliente y para el caso de los niños más grandes, y en la medida de lo posible, retirarles cualquier tipo de picante o especias. Mucho ojo con la comida rápida, pues habitualmente las carnes están condimentadas.

En cuanto al baño del bebé (o incluso el niño), el agua muy caliente está desaconsejada, pero tampoco hay que bañar al bebé o niño con agua tíbia. Una temperatura caliente pero agradable y de corta duración es necesaria para un cuidado correcto, siempre y cuando se realice dos o tres veces a la semana.

No hay que utilizar esponjas duras o manoplas, ni con textura áspera. Lo mejor son esponjas suaves o incluso naturales de venta en farmacias u otros establecimientos. Lo que se pretende en que no irrite más la piel de lo que está, ya que si frotamos se contribuye a empeorar la zona de prurito. Es como si rascásemos. Lo mismo debe aplicarse a la hora de secar al niño con una toalla: nunca frotar intensamente. Hay que secarlo por contacto, zona a zona. Es mucho más lento pero seguro. Posteriormente, y si se desea, se puede aplicar alguna crema emoliente sobre la piel de carácter hipoalergénico.

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Síntomas de Dermatitis atópica en bebés y niños

El prurito o picor intenso es el síntoma característico de la dermatitis atópica, una patología inflamatoria que afecta a muchos bebés y niños en la actualidad, y que puede aparecer a cualquier edad.

Por lo general, en los lactantes aparece alrededor del final del tercer mes hasta el sexto mes, y en los niños más grandes a partir de los tres años. Esta dermatitis suele desaparecer cuando llegan a la adolescencia, pero en algunos casos no se consigue solucionar el problema.

El proceso de la dermatitis no es más que una hipersensibilidad provocada por diversos factores como lo es el medioambiente, la constitución de la piel de la persona y aquellas características de tipo inmunológico o genético.

Con el avance de la sociedad y la creciente industrialización de zonas que van más allá de la ciudad, también se consideran otros factores que han ayudado a favorecer la elevada incidencia de los casos de piel atópica:

  • Polución
  • Humo del tabaco
  • Humo proviniente de la combustión de los vehículos
  • Mayor exposición a los alergénos (no propios de la zona, nuevos materiales sintéticos, ….)
  •  Infecciones de tipo viral, fúngica o bacteriana

¿Cuáles son los síntomas de la dermatitis atópica?

Para los recién nacidos, el prurito es el síntoma más importante. Este enrojecimiento acompañado de picor aparece en la cara, la frente y la barbilla, pero posteriormente se va extendiendo hacia otras zonas del cuerpo como los brazos, el pecho o incluso los tobillos.

Si la dermatitis aparece más tarde, ésta se suele dar con pequeños eczemas alrededor de los pliegues cutáneos (cuello, antebrazo, detrás de las rodillos, codos). En los casos más molestos, el prurito se desarrolla en la parte superior del labio (zona peribucal), detrás de las orejas o en las muñecas.

El picor provocará que el niño se rasque y que los receptores de la piel de nuevo se estimulen, causando más prurito en la zona incluso con la aparición de lesiones. La consecuencia de esto es que origina otro problema paralelo para los padres: el prurito impide que el niño o bebé pueda descansar por las noches debido a las molestias contínuas. Por eso, es de vital importancia diagnosticar a tiempo que lo que se padece es piel atópica y no un enrojecimiento o sequedad puntual, pues el tratamiento no será el acertado alargando así el proceso de cura.

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Piel Atópica: ¿Qué es?

La dermatitis atópica es una enfermedad de la piel que cursa con inflamación, enrojecimiento y descamación. Se caracteriza principalmente por la existencia de un prurito (picor) tan intenso que puede llevar a un cambio en el estado de humor del paciente por causar problemas a la hora de dormir o de relacionarse con la gente (incomodidad por no poderse rascar). Una consecuencia de la dermatitis son las lesiones secundarias debidas al rascado, las cuales pueden evolucionar a la cronicidad.

Suele aparecer en edades tempranas con una clínica que puede variar a lo largo de la vida. Es una enfermedad que sufre variaciones, hay periodos activos y periodos de remisión. La mejoría de los síntomas está estrechamente relacionada con un seguimiento adecuado y la elección del tratamiento según la gravedad.

Si bien no se ha encontrado el factor desencadenande de la atopía, se ha llegado a la conclusión de que esta enfermedad es el resultado de un círculo vicioso de dermatitis asociada con activación de las células T, hiperestimulación de las células de Langerhans, defecto de la inmunidad mediada por células, y producción excesiva de inmunoglobulinas por las células B. Los factores genéticos tampoco estan descartados al 100%, dado que en un alto porcentaje de pacientes con atopía se ha detectado algún signo de asma, fiebre del heno o dermatitis eccematosa en su historia familiar.

Es difícil establecer un diagnóstico de la enfermedad dado que no existen pruebas de laboratorio que la detecten. Se cree que existe una relación entre el aumento de inmunoglobulina E (más de 200UI/ml) y de eosinofilos y la existencia de piel atópica, dado que se han encontrado estos valores similares en el estudio de diferentes individuos con la enfermedad. Si hay sospecha de infección secundaria, es conveniente realizar cultivos de la exudación de las lesiones y de muestras de las costras.

La dermatitis atópica es, por tanto, una enfermedad cutánea crónica no contagiosa, que evolucina por brotes y que, aunque tiende a desaparecer en la primera infancia, puede persistir durante toda la vida.

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